|
|

Los jóvenes son un campo de estudio importante para disciplinas como la psicología, la antropología, sociología, entre otras, por la movilidad que tiene esta parte de la población. Aunque se contabilizan por millones dentro de la ciudad, la homogeneidad en la población dista mucho de ser una de sus características. Al contrario, la población es tan heterogenea que se diversifica según gustos y preferencias en música, cine, ropa, entretenimientos, nivel educativo, entre otras, las cuales se combinan entre sí para dar paso al surgimiento de subcategorías más pequeñas.
En suma, se puede hablar de la existencia de diferentes identidades juveniles dentro de la ciudad, las cuales se construyen en la interacción cotidiana de los mismos.
En la ciudad de México existen espacios físicos que los grupos juveniles han tomado coo su punto de reunión desde décadas atrás. Uno de notable importancia en el desarrollo de una cultura juvenil es el lugar conocido como El Chopo el cual comenzó a principios de los años ochenta como un tianguis donde se podía encontrar sobre todo música “rock” y “punk”, El Chopo como promotor de diversas culturas juveniles funcionaba en sus inicios a través del trueque(1); los muchachos de esos años ocupaban el espacio para intercambiar libros, música, al tiempo que diversificaban sus relaciones con grupos citadinos que tenían gustos similares.
En El Chopo ahora se encuentra una gran variedad de material cultural correspondiente a otro tipo de géneros y de actividades. En él se conjugan diferentes grupos denominados “darketos”, “rockers”, “punks”, “rastas”, “skatos”, “skates”, “raperos”, etc., los que utilizan el espacio para diversificar sus relaciones individuales y grupales, pero también para adquirir todo tipo de mercancía; pintura en aerosol, insumos para graffitear vidrios, piedras para “rayar”; música, películas; ropa, calzado, libros, etc.
Como El Chopo, surgen espacios que los grupos juveniles utilizan constantemente en el desarrollo de la vida diaria. La estación Taxqueña del Sistema de transporte Colectivo, Metro, de la Línea 2 es usada como punto de reunión de un grupo juvenil relativamente nuevo conocido como grupo de los Emos, de peculiar manera de ver la existencia.
El reciente surgimiento de los grupos conocidos como reggaetoneros llamó la atención de autoridades y académicos por la forma en que estos jóvenes utilizan su cuerpo a través del baile para divertirse, para interactuar, al tiempo que forman grupos perfectamente identificables en diversos espacios de la ciudad, grupos que van en incremento. La peculiaridad de estos grupos no radica únicamente en sus diferentes manifestaciones visibles, sino también en su devoción hacia San Judas Tadeo o San Juditas, como le llaman, al que visitan los días 28 de cada mes en la iglesia de San Hipólito, en el Centro Histórico de la ciudad de México.

En países de América Latina, en Estados Unidos y en algunos de Europa, se presenta desde hace varios años un fenómeno social que parece ser generalizado. En las grandes urbes surgen diversos grupos de jóvenes de diferentes edades, cuyas actividades y gustos aun cuando se asemejan, no son nunca los mismos. La diversidad de grupos es tan grande como la diversidad de prácticas, lo que hace pensar a algunos teóricos del tema, que no se puede hacer un acercamiento a los jóvenes pensándolos como una unidad, sino como diversidad; en otras palabras, no como una sola cultura juvenil sino como muchas culturas juveniles.(2)
El Distrito Federal es un nicho propicio para que este fenómeno se presente. Los diferentes grupos de jóvenes se cuentan por decenas; se distinguen entre sí por el tipo de atuendo, por el gusto en determinada música, por la concurrencia a espacios de entretenimiento o de ocio, por su asistencia a determinados centros educativos, etc. En suma, se puede hablar de la existencia de diferentes identidades juveniles dentro de la ciudad, las cuales se construyen en la interacción cotidiana de los muchachos.
Junto a la diversidad de los grupos de jóvenes que hay en la ciudad, sus necesidades también son variadas. A pesar de ello, demandas en apertura educativa, empleo, espacios de expresión cultural, de información sexual, entre otras, son generalizadas. Existen políticas públicas encaminadas a atender situaciones semejantes, generadas por un crecimiento en la población juvenil, por su diversificación, para evitar y atenuar situaciones sociales adversas que se presentan entre este sector de la población.

(1) Testimonio “Pablo el Podrido” en Carles Feixa, El reloj de arena,Centro de Investigaciones y Estudios sobre juventud. México, 1998.